Part 30 (Last), Spanish Novel; Havana Rough – Habana Dura; por Jocy Medina – Havane Dure – رُمان اسپانیایی؛ هاوانا سَرسَخت



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PROJECT 705-3

PART 30

Artistic. Erotic. Historic 
Artistique. Érotique. Historique
Artístico. Erótico. Histórico
هُنری . اروتیک  . تاریخی


© Jocy Medina 


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La traduction professionnelle est la bienvenue
La traducción profesional es bienvenida
از ترجمه حرفه ای این رُمان استقبال می شود


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More than just a novel, HABANA DURA is a journey to Cuba!

Plus qu’un roman, HABANA DURA est un voyage à Cuba!

Más que una novela, HABANA DURA es un viaje a Cuba!

فراتر از یک رُمّان، هاوانا سَرسَخت  سفری به کوبا است


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PARTE 30

parte 29

Ultima Parte

 

Al día siguiente salieron temprano del apartamento, tomados de la mano y hasta se besaron en el elevador pero al abrirse la puerta del elevador en el primer piso, Alessia estaba allí esperándolos, cámara en mano para tomar una foto de su marido cometiendo adulterio. Luciano corrió tras ella a quitarle la cámara pero regresó al edificio con sus manos vacías, y más agitado que hombre con hormigas en los huevos. “Con esa foto en la corte, esa loca me quita hasta el pijama”, gritó Luciano a María como si ella pudiera resolver algo.

Camino al Vaticano, el monólogo de Luciano resultó interrumpible. “¡Qué diferentes son los extranjeros cuando están en Cuba!”, pensaba María escuchándolo hablar de su matrimonio con ella, de su futuro y de su divorcio.

A mitad de camino, María puso a Luciano de sonido de fondo y dejó que el bello paisaje romano relajara su paseo. Y no fue Luciano, sino la Capilla Sixtina de la Basílica quien regresó a María a sus tragedias. Uno de las pinturas del techo de la capilla lucía un “hombrazo” recostado, extendiendo el brazo. La postura la regresó al David que extendía así su brazo, cuando quería que ella fuese con él a la cama. El brazo de María se extendió al techo como quien acepta la invitación de aquella pintura.

– Ese es Adam –dijo Luciano –representa el momento en que Dios lo acababa de crear, justo antes de que Eva lo viera y pecara.

– No la culpo, de ser Eva yo haría lo mismo –respondió María.

A partir de ese momento, para ella, las semanas no cambiaron más los colores y el tono blanco del apartamento ya no le daba la idea de un hospital mental, sino de un cementerio.

Sus mañanas comenzaban alisando su pelo ante el espejo de Luciano y si cerraba los ojos casi podía oler la lavanda fría con madera en el cuarto de David cuando él se alistaba frente al espejo de su baño. Imaginaba el cuarto de David ya empacado para, en menos de un mes, irse a mirar a un espejo nuevo en Kenia.

Sin embargo David, allá en Siboney, miraba su ya empacado cuarto pensando cuán desordenada parecía su vida. Si cerraba los ojos, casi podía oler a María revolviendo su lavanda fría y la imaginaba bailando en algún show, con miles de espectadores soñando con llevarla a casa con ellos. Sintió deseos de ir a buscarla pero esa noche tenía cita con la rubia diplomática que siempre tuvo arte para volar la tapa de los sesos de María, porque las mujeres no tienen que ver ni oír para saber, ellas simplemente saben a qué huele el estrógeno que destila una mujer que le quiere robar su hombre. Se tuvo que reír al recordar todos los “carterazos” que María le dio aquel día que vio a la rubia sonsacándolo pero el vació que dejó ese recuerdo no parecía llenarlo nada, ni la inminente cita que había acordado con su bella colega. A tal punto que llamó a la rubia a informarle que esa noche no podría ir por ella. Él necesitaba ir a buscar a su bailarina y si la encontraba, iba implorarle que se fuera con él a casa.

*** 223***

 

Al abrirse la puerta del 6, David notó que el apartamento de Belinda no olía al jazmín de María pero así todo, le preguntó con desespero: “¿Dónde baila ella hoy?”

Belinda repitió la pregunta de David pues no creía que él supiera tan poco sobre María, que ni siquiera supiera que la habían expulsado de la escuela pero en vez de ilustrarlo, siguió las instrucciones que María había dejado, por si David venía: le informó que María no estaba y le entregó una nota que ella había dejado para él.

Por lo rápido que Belinda cerró la puerta, David dedujo que ella no apreció su visita. Enseguida abrió la nota y cada oración le detuvo el paso mientras bajaba la escalera.

“Sabía que antes de irte a Kenia vendrías a despedirte. Casi puedo ver el azul pálido de tus ojos queriendo verme por última vez. Ojalá el azul de esos ojos estuvieran ahora mismo prometiendo que lo nuestro jamás se fuera a acabar. Ojalá hubiese sido yo la mujer que te inspirara ese cambio que tú tanto resistes. Pero no es así, viniste a despedirte. Yo espero que las alas que me distes me sirvan para un día volar las cimas a donde tantas veces me llevaron tus besos. Sin dudas, el riesgo de llegar tan alto es que las caídas tienden a ser mortales. Así y todo, gracias por el vuelo, David. Gracias a ti podré decir que una vez me enamoré. Adiós. Yo te amo. Te necesito. Y cuanto no diera yo por ahora mismo escucharte decir: Y viceversa”.

La nota lo decía todo, menos dónde encontrarla a ella. David quiso volver a subir a preguntarle a Belinda pero la vecina del 4 estaba enfrente de él, con sus ojos color miel derritiéndose ante el “hombrazo” que miraban.

– Ya te dije que todo lo que buscas está en el 4, mi rey –dijo la del 4.

*** 224 ***

 

– Yo busco a María, ¿acaso tú la tienes?

– No la tengo pero te puedo decir quién la tiene.

– ¿Cómo que “quién la tiene”?

– Si quieres saber, entra a mi casa, papi.

La del 4 se dio vuelta dejando ver a David que debajo de su alegre falda blanca no cabían a plenitud sus nalgas. David la siguió y se quedó cerca de la puerta. Vio a la del 4 abalanzarse sobre la mesa para servir vino en un vaso para que él notara la línea de su tanga blanca atravesando sus perfectas nalgas.

David expiró su estrés con un rápido suspiro y insistió con su pregunta a la del 4: “¿Quién tiene a María?” En vez de responderle, la joven fue a la cocina a mezclar el vino con un hechizo que ella preparaba para amarrar a sus hombres; ésta vez uno bien potente a base de miel, sangre de su menstruación y polvo de las uñas de sus pies.

– Vino dulce –dijo la del 4 entregando el vaso a David.

– ¿Quién la tiene? –insistió David.

– La tiene un Yuma. Un italiano rico. María está en Roma.

David se tomó un primer trago pues la noticia no bajaba por su garganta. Después de una fea mueca acusó a la del 4 de mentirosa.

– Se llama Luciano y se va a casar con ella, mi rey ¡Así que ahora ya puedes hacerte novio mío! –dijo la del 4 alzando su trago para brindar con el de David.

La directa hizo a David terminarse el vino y ver a la del 4 mordiéndose con rudeza los labios hizo a David abrir la puerta.

– Y tengo el número de teléfono de María en Roma. Por un palito (53) y unos dólares te lo doy todito, papi –le dijo la del 4 tocándose los adentros de su tanga.

(53) Modismo cubano al acto sexual. Dícese igualmente “echar un palo”.

*** 225 ***

 

– Dame el número. Yo te doy los dólares –dijo David notando que a la mente le venía mucho más que lo que podía decir su boca.

– Claro que sí, mi chini lindo. Si yo sé que vas a regresar “muertecito” a mí y serás mío para siempre porque a estas nalgas se entra pero no se sale –respondió la del 4 en camino a su cuarto.

La joven regresó con el teléfono de María en Roma en un papelito y lo puso dentro de su tanga blanca para que David lo sacara de allá adentro. Él voló a Siboney con deseos de llamarla en ese momento pero antes de llegar al teléfono lo detuvo un dolor terrible en el estómago. Ahí le comenzaron los vómitos y esa noche, además del hechizo que la del 4 le echó en el vino, vomitó todo lo que había comido ese mes.

Sus ojos de azules pasaron a grises y en vez de a María, David llamó a la rubia para que lo llevara al hospital. Allí los sueros le devolvieron vida al cuerpo. Dos días después, el teléfono de la sala de hospital sonó y una enfermera le avisó a David que la llamada era para él. En su desvarío, él pensó que podría ser María pero al responder, era la rubia para decirle que esa noche iba a buscarlo al hospital para llevarlo a casa.

Ya en Siboney, la sopa que ella preparó le regresó el azul a los ojos y con ello, los deseos de llamar a María. Ni sexo con la rubia, ni un desayuno a la cama en la mañana, le quitó la idea de regresar a donde Belinda a preguntar si eso que le dijo la del 4 era verdad.

– Vengo para que me diga cómo hago para ver a María –dijo David entrando sin que Belinda lo invitara.

– Ay, David qué te pasó, mi niño, ¿chocaste con un tren? ¡Qué mal te ves! ¿Quieres café?

El nerviosismo no dejaba a Belinda detectar que tenía la cafetera justo delante de sus ojos y por suerte David sostuvo sus dos manos como diciéndole que no quería café.

– ¿Es verdad que está en Italia? –preguntó David.

La palabra Italia puso pausa a todo para Belinda que aunque María le había pedido que no dijera nada al inglés, no tuvo de otra que responder con un: “Sí, mi niño, es verdad”.

 *** 226 ***

 

– ¡Yo le hubiera dado todo…!

– ¿Cómo? ¡Que yo sepa tú no le prometiste nada! –respondió confundida Belinda.

– No, yo le hubiese dado todo para que ella no se fuera a otro país con un hombre que no ama. Dinero, lo que sea.

– Ella no quería dinero.

– ¡¡Qué quería María!!

– Quizás ella quería un “para siempre”.

“Para siempre” lo escuchó decir Belinda cuando David salió por la puerta de su casa. “Para siempre” lo escuchó decir la del 4 que ya abría la puerta pensando que David había ido a verla a ella. “Para siempre” lo escuchó decir el guardia de su casa en Siboney cuando le abrió la puerta. “Para siempre” lo escuchó decir John, un amigo y colega de David que trabajaba en la Embajada de Inglaterra en Roma.

– ¿Para siempre? –preguntó John cuando David le contó lo que él sentía por María.

David además le pidió a John que contactara a María en Roma y la llevara a su oficina para hablar con ella, pues él quería que ella escuchara ese “para siempre” dicho por su propia voz.

– ¡No! ¿Estás seguro que hablo con David, el que yo conocí en Bolivia? Porque el único “para siempre” del que ese David hablaba era el de quedarse solterón.

– No te rías, John. Encuéntrala y tráela antes que sea tarde.

A la mañana siguiente, John llamó a María a casa de Luciano. Ella no entendía el español raro que hablaba John pero entendía cuando él decía “David, de la Embajada de Inglaterra en Cuba”. Las paredes de casa de Luciano se tornaron rosa cuando ella finalmente comprendió que John la quería llevar ese día a su oficina a hablar con su inglés.

*** 227 *** 

 

María ni desayunó esperando al funcionario. Se cambió de ropa cinco veces e hizo mil conjeturas de por qué David le querría hablar: “Seguro quiere decirme horrores porque me fui a Italia con otro hombre. O seguro quiere darme una lección de amor duro de esas que a él le gusta dar. O quizás solo quiere oír mi voz antes de irse”.

El mediodía trajo a John en un carro del mismo año que la máquina de hacer expreso de Luciano. El hombre era lo opuesto a David en tamaño, redondez y color humano. Atravesaron Roma a pleno sol y las calles en esa parte de la ciudad parecían un libro lleno de historias con tantos italianos transitando. El carro entró a un edificio que no parecía anacrónico en esa linda esquina de Roma. Subieron a salones tan cuadrados como David, tan puntiagudos como sus palabras y tan fríos como su cuarto.

– Esta es la Embajada de Inglaterra –dijo John.

Aunque María ya lo había adivinado fingió que se enteraba. Entrando a la oficina de John, sonó la llamada de David y John le pidió a María que respondiera.

En cuanto los ojos de María empezaron a gotear sobre sobre sus papeles, John salió y los dejó hablar. Del otro lado de la línea, David proponía le dijo eso que ella tanto quería escuchar de la boca de él.

– ¿Por qué cambiaste de idea, David?

– Porque tratando tú de volar yo volaba junto a ti. Porque tú me inspiras cambio, porque yo también te amo y porque yo te necesito. Viceversa María, viceversa. Regresa a Cuba y ve conmigo a donde sea que la vida nos lleve. Para siempre.

María regresó a casa de Luciano y no tuvo que hablar. El italiano, que sabía que no hay mujer más linda que la que es feliz, enseguida supo que algo en ella había cambiado. Con plena honestidad María le dijo por qué quería regresar a Cuba lo más pronto posible. De pronto a Luciano todo le sonó a pura alevosía con pespuntes de traición y sintiendo eso le gritó: “Me usaste, María ¡Viniste aquí a Italia a darle celos a otro!”

– ¿Usarte? Tú fuiste quien me usaste a mí. Me usaste para liberarte de la mujer que amas.
– ¿La mujer que amo? ¿Acaso no me ves pidiéndole el divorcio a Alessia todas las noches?

*** 228 ***

 

– No. Te veo llorando al teléfono con ella todos los días, porque ustedes los hombres necesitan destruir lo que aman como única manera de saber que lo aman. Eso es lo que tú has hecho con Alessia. Eso es lo que el inglés hizo conmigo. Y en ese proceso de sentirte vivo, estás matando a todo el que te quiere. Y te estás matando a ti.

Esa noche hasta las lágrimas de Luciano dolían al brotar del lagrimal y lo peor, no sabía por qué lloraba, sólo sabía que su dolor marcaba la felicidad del mundo para María, una joven a la cual él aún no decidía si la amaba o no. Por si acaso la amaba, antes de arreglarle el pasaje de regreso a Cuba, él sintió que debía preguntarle a ella que si lo que quería era casarse, él podía apresurar el divorcio con Alessia. María le juró a Luciano que su sueño no era casarse, ni irse de Cuba. Su sueño era volar y eso es lo que David la hacía sentir.

– Siempre hablas de eso pero, ¿cómo sabes que alguien te hace volar? –le preguntó Luciano.

– Para mi volar no es sólo un verbo, es también un sentimiento. Sabes que alguien te hace volar cuando sientes que no necesitas nada, ni alas, para llegar a las cima más altas del mundo.

– ¿Y él sabe todo lo que yo sé de ti?

– No. Nunca le dije, Luciano. Sabes que amas a alguien cuando te cuesta hacerlo sufrir con tus propios dolores.

La despedida en el aeropuerto en Roma culminó con un Adiós incongruente. Las lágrimas persiguieron a Luciano hasta que llegó a su departamento y habló esa noche con Alessia. Ella, al sentirlo tan triste fue a Roma a verlo y como si esa noche sus esfuerzos finalmente resultaran, logró lo que no había podido en Florencia: un chance para revivir la relación con su marido.

*** 229***

 

El avión de María voló en dirección a al hombre que la hacía volar. A su alrededor, europeos no dormían de la excitación de llegar a Cuba. Había parejas que por la cantidad de besos que se daban, era obvio que iban a Cuba de luna de miel. Había otras que no se hablaron en todo el vuelo y le recordaron al suizo que iba con su mujer a Cuba “a repartir chocolate por las calles de La Habana”.

Para María, llegar a Cuba fue como el despegue de su propio vuelo. David la recibió con un abrazo y el carro empacado con todo listo para irse con María a Buenaventura. Hasta Belinda iba con ellos. Durante el viaje, Belinda le comentó a María que todavía no sabía si David era buen partido para ella, porque durante esos días se había hecho amigo de Juan Manuel.

– ¿En serio, fuiste a ver a mi padre? –preguntó María.

– Fui a pedirle tu mano en matrimonio antes de pedírtela a ti.

– ¿Y esa fue la parte en que Juan Manuel te cayó atrás en su caballo y te abrió la cabeza en dos, no?

– Bueno, tu mamá le escondió el machete y él no tuvo otra que decir que sí.

El framboyán de la Carretera Central la recibió ni más ni menos frondoso que cuando la vio salir pero entrar a Buenaventura le devolvió a las rodillas de María aquella jiribilla que ella sentía cuando sabía que su padre andaba cerca. Al llegar a su casa, el abrazo de su madre aplacó sus nervios y sintió el mayor de los alivios cuando Juan Manuel salió a la acera a abrazarlas a las dos.

Como verlas llorar era lo único a lo que el temible Juan Manuel temía, enseguida rompió el abrazo y las mandó a las dos a ir a entrando, con la excusa de que la comida estaba lista y ya era hora de comer. Cuando la mano de Juan Manuel se extendió a estrechar la de David, la esquina de su ojo notó que dentro del carro aún quedaba alguien. Al acercarse vio que dos ojos encharcados en lágrimas lo miraban desde el asiento trasero. Él abrió la puerta del carro y sacó a Belinda de allá adentro. Sus largos brazos apretaron a Belinda como quien pide disculpa a alguien a la vez que agradece por haber cuidado lo más preciado de la vida de él.

*** 230 ***

 

Mientras las hermanas se abrazaban dentro de la casa, María fue a su cuarto, temiendo que regresar a él pusiera el proceso de “hacerse mujer” en reversa. Allí todo olía a ella y cada adorno parecía haber quedado intacto, idénticos al día que ella se fue. Desde el espejo su silueta la miraba ansiosa por escuchar que había sido de ella por todo ese tiempo. María fue al espejo y mirando directo a sus negrísimos ojos le contó a su silueta todo lo que sus ojos dejaron trasmitir. David también entró al cuarto y con ambos mirando al reflejo de María en el espejo, ella dijo: “Te presento a tu novio, siluetica. Y aunque nada pasó como tú y yo planificamos, cumplí lo que te prometí: ya no somos una niña, ya somos una mujer”.

Estela entró al cuarto a decirle a María que todo estaba listo para la boda con David y María llevó ambas manos a su cabeza al acordarse de que faltaba un cabo por atar, y sin ese cabo ella no se podía a casar.

– ¿Qué cabo? –preguntaron Estela y David a la vez.

Faltaba la testigo. Al día siguiente los novios salieron a Caimanera, el pueblo más cercano de la base naval de Guantánamo, en busca de Cindy.

– Aquí no pueden entrar extranjeros –les dijo el custodio de la entrada del pueblo –La base naval de Guantánamo está ahí mismito y no nos podemos arriesgar…

– ¿Arriesgar a qué? –preguntó María.

– Todos estos extranjeros que hay en Cuba son espías –dijo el custodio pensando que David no entendía el español.

Por mucho que David y María explicaron, el custodio no cambió de parecer pero le otorgó a María un pase para entrar sola a encontrar a su amiga. María pasó horas preguntando de casa en casa si alguien conocía a Cindy. El sol ya derretía sus ánimos y el hambre ya rajaba sus esperanzas, cuando una señora que se daba sillón y se echaba fresco con un abanico en el portal de su casa notó lo pálido del rostro de María y le ofreció un vaso de jugo de caña.

***231***

 

– Primera vez que te veo por aquí, ¿quién tú eres? –preguntó la señora mirando con que ganas María se tomó el jugo de caña.

– Yo no soy nadie, sólo busco una amiga, Cindy, ¿usted sabe quién es?

– ¿Cindy? Yo creo que así se llama la muchacha que acaba de regresar de Rusia.

– ¿De Rusia?

– Sí, que tiene un niñito y su marido hace poco se ahogó tratando de irse del país.

María respondió con un “si” muy lento haciendo evidente su confusión.

– Ella fue a Rusia a hacer un posgrado, –afirmó la señora –y con el dinerito que trajo está construyendo una casa encima de su suegra para vivir con su hijito ahí.

– Sí, ¡esa misma es Cindy! –interrumpió María dando un salto.

La señora dejó de echarse fresco y apuntando el abanico en varias direcciones le explicó a María cómo llegar a donde Cindy. El azúcar del jugo de caña la ayudó a correr a donde su amiga. Cindy se sorprendió al ver a María enfrente de su casa pero la noticia de la boda con David no le causó sorpresa alguna. En diez minutos Cindy organizó todo para irse con su hijito a la boda de su única amiga.

Un mundo de gente fue al palacio de matrimonios de Buenaventura a curiosear sobre la boda de María y a conocer al galán que llevaría a la Mariposa a volar. Pero el gran acontecimiento para todos fue ver a Juan Manuel, por primera vez, desmontado de su caballo y sin un machete colgando del cinturón. Ese día Juan Manuel entregó lo que más quiso él en su vida al hombre que tomaría su lugar y María le dio las gracias por todo lo que él había hecho por ella. “Yo queriendo crecer y tú luchando porque yo creciera intacta”, añadió María abrazando fuertemente a su padre.

***232***

 

Dos lágrimas corrieron por el rostro del campesino cuando Cindy firmó ser testigo de que el amor reinaba entre el inglés y su hija, incluso ante que los novios mismos lo supieran. Diez lágrimas corrieron por el rostro de Belinda cuando María le aseguró que no importaba cuán lejos tenga que recorrer el rio, él siempre terminará en el mar. “Y para mí, el mar es nuestra casa en Buenaventura”, dijo María besando el rostro de su madre.

Cuando el avión despegó para llevarse María a Kenia con su inglés, ella le dijo Adiós a La Habana, sintiendo que la ciudad sujetaba sus venas como queriendo decir “regresa”. Fue ahí que ella entendió que a La Habana se ama como a un novio que no fue cruel porque quiso, sino porque en ese momento de su vida no tenía otro amor que ofrecer, que un amor duro, crudo y tan áspero como el muro de su Malecón. En cuanto ella le juró a la Habana que un día regresaría a ella, la ciudad soltó sus venas y la aguja del “para siempre” con David marcó su punto cero.

– Volamos rumbo “al resto de una vida juntos” –dijo David con el azul del cielo reflejado en sus ojos.

– ¡Todavía no lo creo! –respondió María –Esto es como bailar en Tropicana, un paraíso que yo ni siquiera me permití soñar.

– Pero en éste paraíso no existen tarimas laterales. Tú eres mi estrella principal.

Dentro del regocijo que traen ciertas promesas, María se permitió un hondo suspiro y respondió: “Y viceversa, David, ¡y viceversa!”

***233***

FIN


Epílogo: Después del fin

Como siempre pasa en Cuba, después del fin siempre nos queda el mar, ese sendero ancho y azul que si no nos hunde nos libera, que conlleva “allá fuera” y que promete la solución a todos los dilemas que en Cuba nunca íbamos a solucionar. Es ese mar quién, después del fin, goza cuando un día puede decirnos “¡te lo dije!” al vernos regresar.

Después del fin, tantos cubanos nos fuimos pero no del todo. Y los pedazos que viven lejos siempre se regresan, a veces en busca del amor de esas “Estelas” que nadie por allá fuera supo dar, o del apoyo de esas “Belindas” que nadie por allá fuera supo brindar, o de esos “Juan Manueles” que siempre tuvieron la razón incluso cuando su única forma de expresarlo era a golpe de machetazos, o de esas “Cindys” y esos “Camilos” que tatuaron la palabra amor en nuestra alma.

Hay veces que ese mar se cruza de regreso a Cuba en un avión pero la mayoría de las veces se cruza desde el seno de una vida perfecta, en una casa perfecta, rodeados de todo lo un día creímos perfecto, con los ojos cerrados y soñando con todo aquello que no pudimos sacar de Cuba en una maleta. Y cuando volvemos a pisar esas “Buenaventuras” que nos vieron crecer y esas “Buena Vistas” que nos rompieron los huesos, notamos que los pedazos que viven lejos ya no encajan bien allá. Sentimos que crecimos, algo que hacemos muchas veces en la vida y que todo el mundo entiende a su manera.

Yo creo que “Después del Fin” es otra novela, que como todavía la estamos viviendo no la hemos escrito, en la cual uno siempre cruza el mar en cuerpo, en alma, en sueños, en cenizas o de alguna manera para regresar a Cuba, porque los pedazos nuestros que viven lejos, encajen o no, siempre anhelarán estar allá.

Jocy Medina


 


CREDITS

HABANA DURA (e-book)
Copyright: ©

2016 by Jocy Medina www.jocymedina.com
Diseño gráfico (interior y portada): Dario Ferrara

Fotografía: 
Lady in Red por Catalin Petolea www.imagerist.com
Habana Rota y Fondo de Piedras por Jocy Medina www.jocymedina.com

Edición:
Versión original: Laura Espinel, Cuba
Versión final: Rose Anette Briceño Torres, Venezuela
(Incluye referencias bibliográficas)
Agradecimientos especiales a Marta Medina, mi madre querida, por sus comentarios de edición.

Nota de la autora:Aunque inspirada en eventos históricos reales, ésta novela es una obra de ficción y sus personajes son imaginarios. Cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia.

Lea más sobre HABANA DURA en:
El blog “Un Pedacito de Cuba”: www.jocymedina.com
Lea Habana Dura, contada por Sandro (el tío violador):
Habana Dura: contada por el violador



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El placer de leer…

"He buscado el sosiego en todas partes, 
y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos"

Thomas De Kempis, Teólogo alemán


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Una Colección Poética… 

…intensa pero liviana, que abarca desde los lances eróticos de la autora, hasta las tristes pérdidas de un amor. Entre ellos se filtran versos que retratan las nostálgicas distancias que vive el expatriado, y otros romances que moldean el imaginario de nuestros tiempos. Poemas cargados de de las ficciones que conforman las realidades de la autora. O, “los dolores que esconde mi sonrisa”, como bien los describe ella.



A Poetic Collection …

… intense but light, ranging from the erotic sets of the author, to the sad losses of a love. Among them are filtered verses that portray the nostalgic distances that the expatriate lives, and other romances that shape the imaginary of our times. Poems loaded with fictions that make up the realities of the author. Or, “the pains that my smile hides”, as she describes them well.


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