Part 28: Spanish Novel; Havana Rough – Habana Dura; por Jocy Medina – Roman; Havane Dure – رُمان اسپانیایی؛ هاوانا سَرسَخت



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PROJECT 705-3

PART 28

Artistic. Erotic. Historic 
Artistique. Érotique. Historique
Artístico. Erótico. Histórico
هُنری . اروتیک  . تاریخی


© Jocy Medina 


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More than just a novel, HABANA DURA is a journey to Cuba!

Plus qu’un roman, HABANA DURA est un voyage à Cuba!

Más que una novela, HABANA DURA es un viaje a Cuba!

فراتر از یک رُمّان، هاوانا سَرسَخت  سفری به کوبا است


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PARTE 28

parte 27

 

Al día siguiente a María la escogieron en la escuela para un elenco que bailaría en una noche cubana en la Marina Hemingway, un evento dedicado al cuerpo diplomático en Cuba, al cual por coincidencia David debía asistir.

María y David llegaron al evento tomados de la mano, pero entrando por la puerta principal de la Marina rompieron para ella ir al camerino donde el elenco se vestía de coloridos atuendos y gorros de plumas, y él ir a la terraza donde los invitados diplomáticos brindaban en unas mesas redondas adornadas con suntuosos lazos.

En cuanto el elenco comenzó el show alrededor de la piscina, la música unió a los dos mundos. Y detrás de todo eso, el mar.

En uno de los números, María salió bailando el danzón que hacía tanto ella quería bailar con Fermín, su amigo y bailarín preferido. Traía un traje de lentejuelas tan azul como el mar y la vista de todos los invitados seguía el vaivén que el danzón le ofrecía a sus caderas. María notó que los ojos de David la perseguían y en las reverencias finales notó con qué afán aplaudía su inglés.

Con el curso de la tarde, los dependientes remplazaban las botellas de vino tinto vacías por botellas llenas. Las olas llegaban desde el pálido cielo a romper en lo oscuro de los arrecifes y el sol caía apagando a Cuba ante la audiencia.

Paralelos a la música, los diplomáticos ya aplaudían menos y conversaban más y en cuanto el sol se esfumó en el horizonte, apareció una rubia de silueta perfecta en la mesa de David. Llegó con una copa de vino en la mano y brindó con él antes de sentarse a conversar. Su vestido rojo les robaba el escenario a las bailarinas del show y sus rojísimos labios, que se reían de todo lo que decía David, le robaba la tranquilidad a María.

*** 205***

 

David ya ni siquiera aplaudía a las bailarinas y después del último número ya María quería tirarlos a ambos al mar.

Cuando llegó al camerino con genios de un huracán categoría 5 cercenando en la cabeza, Fermín le preguntó qué le pasaba, pero como a María las palabras no le venían a la lengua, sus manos contestaron con gestos de querer ahorcar a alguien. En vez de quitarse el gorro, María le arrancaba los plumajes. Fermín sujetó las dos manos de María temiendo se arrancara los pelos también y en esa posición le pidió que respirara. Al aire entrar, le apretó los pulmones y expulsó llanto de los ojos de ella. Fermín la envolvió en un abrazo y cobijándola fue que vio al inglés de María en su mesa muerto de la risa con las historias que le hacía otra mujer.

– ¡Ay, que estos hombres son lo peor! –dijo Fermín sin dejar de abrazar a María –pero no llores más, mi regia, que si se va contigo para la casa le das un “boyazo” por la noche y se olvida de la bruja esa en un santiamén.

Fermín ayudó a María a desengancharse el gorro y en aras de hacerla reír le dijo: “Ahora mismo voy a esa mesa a echarle un laxante a la bruja y verás que el vestido ese sale cagado de este lugar”. Un poco de comedia alivió su tragedia y tratando de controlar las marejadas de genios que le quedaban, fue al parqueo donde David la esperaba para llevarla a casa con él.

– ¡Muy popular tú con las rubias del evento! –dijo María ya en el carro, rumbo a Siboney.

– ¿De qué hablas, María? –respondió David desde lo relajado de su timón.

– ¡Esa mujer que te ha babeado todo el traje! No se despegó de ti toda la noche. Tengo ganas de arrancarle los pelos y hacer estropajos con ellos y después usarlos para limpiar la esa carita tuya de “yo no fui”.

*** 206 ***

 

Con cada palabra de María los ojos de David se abrieron de forma creciente. “Creo que estás celosa”, respondió David sin saber que esa era justo la chispita que la dinamita de María necesitaba para explotar. Cuando un “carterazos” de María casi le rompe la cabeza, él se echó a un lado, pero en vez de esquivar los sopetones, frenó y se bajó del carro. Ella lo siguió a tratar de darle otra vez con la cartera diciendo: “¿Tú no quieres que te necesite? Bueno necesito que me expliques quién es la rubia esa”.

– Mira, María, la inseguridad no es una necesidad, es la madre de la desconfianza.

– Cállate y no comas más mierda con tus grandes teorías que te vas a comer la cartera esta. Dime quién es esa rubia porque te voy a matar.

Ya la cartera de María venía de nuevo rumbo a él y como temía decirle hasta la verdad le propuso a María continuar el viaje con la condición que ella le entregase la cartera. Al rato ella aceptó. Se mantuvieron en silencio hasta que David ya en casa, pudo ofrecerle un vaso de ron no solo para que se calmara sino para que tragara las difíciles noticias que él le tenía que dar.

– La rubia es una colega nueva de trabajo. Es la agregada cultural –le dijo David sirviéndose un whisky –Es inglesa y excepcionalmente joven como para tener una carrera internacional tan extensa. Con solo 31 años ha estado en tres misiones. Ella se ofreció a ayudarme a enfocar los próximos pasos de mi carrera. En la cena, hablábamos de eso. De trabajo, de mi carrera.

– ¿De trabajo? Por la forma que se reían, ustedes trabajan en el circo y tú eres el payazo.

– Por favor María, déjame hablar, ¿no sé si notaste que todos venían a mi mesa a brindar?

– ¡La noté a ella!

– María, ¡hay algo que tengo que decirte!

*** 207 ***

 

María, que creyó que nada podría silenciar su ira, sintió que lo que acababa de decir David lo logró. Presintió que una avalancha de peores noticias venía hacia ella y la próxima vez que habló fue para pedirle a David otro vaso de ron.

– Ayer en el trabajo anunciaron quienes se van de Cuba este verano –dijo David sirviéndole el ron –En la lista estaba mi nombre, María.

– ¿Cómo que este verano? ¿En seis meses? ¿Tú no me habías dicho que te quedaba más de un año aquí?

David asintió con un azul–descorazonado en los ojos y le explicó a María que por eso todos en la mesa venían a brindar con él. La noticia generó mil preguntas pero María comenzó por preguntarle a dónde es que iba. “A Kenia”, respondió él.

– ¿Y nosotros qué? –preguntó María.

Ya ella había terminado su segundo vaso de ron y David aún no había contestado. Se sentó junto al inglés a ver si eso lo incitaba a decir algo pero ante su silencio, ella se lo preguntó otra vez: “¿y ahora, tú y yo David y nosotros qué?” David respondió con un mero “yo no sé”.

Ella que se hubiera conformado con un “no te preocupes, encontraremos la manera de seguir nuestra relación” quedó en la sala, cabizbaja cuando David se fue al cuarto. Al rato María también fue, quería preguntárselo de nuevo, pero entre las heladas paredes estaba él, recostado al espaldar de la cama, con la mano estirada para que ella fuera bajo la colcha con él. Ella conectó su mano con la del inglés y sintió que después de un beso todo lo demás supo a “últimas veces”.

El éxtasis hizo dormir a David pero a María, la noticia la pinchaba como muelles salidos de la cama.

Pasaban los días y David la buscaba en la cama con el insaciable apetito del que le queda poco tiempo con un juguete preferido y en el azul de sus ojos parecía quedar solo cenizas de la relación. Ella le preguntó a David un par de veces más: “¿qué pasaría con ellos después del verano?” y un par de veces más la respuesta siguió siendo: “yo no sé”.

 *** 208 ***

 

María regresó a su tía Belinda cuya opinión giró sobre la idea de que los hombres aseguran lo que quieren y cuando no quieren, no aseguran nada. Esa opinión destrozó a María que, aunque ella nunca quiso sentir eso, estaba segura que no sólo amaba sino que además algo en ella necesitaba a ese inglés.

Un día, después del sexo, David fue a fumar a la terraza y ante la recurrente pregunta de María no hubo ni un “yo no sé”. Esa noche, el silencio de ambos heló el cuarto con más potencia que lo que podrían tres aires acondicionados cuando y dentro del azul de los ojos de David ya no quedaban ni cenizas de la relación.

María saltó frenéticamente de la cama y apuntando un dedo hacia David le advirtió: “Esto se define hoy, ¿qué diablos tú te traes entre mano?” David la miró temiendo decir algo que desatara otra guerra como la de los “carterazos”.

– Yo creía que los ingredientes de una relación eran amor y confianza. Pero hay un tercero que es el que te falta. ¡Los cojones, David! Te faltan los cojones –gritó María.

– Pero es que, no todas las relaciones son para siempre, María –respondió él.

– ¿Qué cosa? Porque hace un mes vienes diciendo “yo no sé”. A ver, dime qué es lo que tú sabes de relaciones.

– Yo sé que hay relaciones por un tiempo y otras por el resto de la vida.

– Y hay otras como la nuestra que fue no más que un pasatiempos, me usaste para pasar tu misión en esta isla entretenido.

Las costuras se rajaban de cuán bruscamente María se ponía su ropa. Sus manos agarraba lo poco que era de ella en casa de David mientras salía de allí. Él no fue a fumar hasta que no escuchó el tirón que María le dio a la puerta de entrada. Y las calles de Siboney que ya conocían el sabor de las lágrimas de María, adivinaron que ella iba rumbo a la Quinta Avenida para coger una botella a Buena Vista.

*** 209 *** 

 

Llegando al edificio de Belinda, María escuchó las voces de los hombres que jugaban dominó bajo el foco de la entrada y eso la incitó a recoger cuanta piedra vio en la acera. Al llegar al edificio, les mostró sus manos llenas de piedras a los hombres Hay les advirtió: “Si alguno abre la boca cuando yo entre por esa puerta, se lo juro por mi madre que les voy a partir la cabeza a todos”. Ni ellos le respondieron, ni ella tuvo que tirar una piedra. No fue hasta que llegó al tercer piso que María escuchó a los hombres resumir el juego.

Al caer todas las piedras al suelo del tercer piso, Belinda corrió a abrir la puerta de su casa. Por la postura con la que María entró, la tía dedujo que venía sin alma.

– ¿Se pelearon? –le preguntó Belinda bajando el noticiero para poder escucharla.

María abrazó a la tía y en los tramos que le permitían los sollozos le decía: “No sé. En su país dan anillos y diamantes y que este hombre no pueda darme a mí ni una esperanza”.

– Bueno, mi niña, tranquila. No me asombra. Un hombre de treinta y pico de años que no haya soñado con casarse es porque no es del tipo.

– ¡Es que yo no sabía que había “del tipo”! Yo pensaba que uno se enamoraba y hacía todo lo posible por estar juntos y ya – protestó María.

– ¡Ay hija, hay dos tipos de hombres! Unos son como los piratas. Esos saben usurpar, conquistar y adueñarse de lo que les gusta. Esos se casan. Todos los demás, son como los mambises: mueren luchando por su libertad.

Consciente que David era del bando de los mambises, Belinda abrazó a su sobrina.

– Con ese tipo de hombre se sufre mucho María, porque siempre van a amar su libertad más que lo que pueden amar a una mujer. Pero si no se decide, no te olvides que Luciano está loco porque vayas a Italia. Ese es un pirata. Ese sabe lo que quiere y hasta parece que se está divorciando por ti.

*** 210 ***

 

– No es por mí, tía. Él me necesita para sentirse vivo y para todas las sandeces esas que habla él, y quiere que vaya a Italia para que su divorcio sea menos trágico. Él no me ama.

– Pues mira, hace más que David que se va de Cuba y no quiere darte ni una esperanza. Luciano ya gestionó hasta tu pasaporte.

María se quedó mirando a Belinda como quien cree que no escuchó bien la última palabra.

– Sí, María, lo gestionó todo conmigo. Me llamó mil veces a casa de la del 4. Pagó tu Carta de Invitación para que vayas a Italia. Sólo falta que pases a buscar tu pasaporte y que pongas fecha de salida.

– Yo no voy a usar a Luciano, tía.

– Bueno María, ¡usar a alguien cuando es mutuo nunca es malo!

La electricidad se fue y además de robarle la luz a La Habana, le robó las respuestas a María. Protestando por estar ahogándose de calor, la tía salió a coger aire al balcón. María cayó desplomada en su colchón, donde la mente dio tantas vueltas como las dio su cuerpo durante la noche. Al día siguiente María se levantó con la palabra “matrimonio” trabada en la garganta pero el batido de mamey que su tía le llevó a la cama enjuagó un poco el sabor a congoja.

– Nunca me imaginé que enamorarse y casarse fuera tan complicado –dijo María a la tía al regresarle el vaso vacío.

– Entre cubanos es simple. La gente se casa por las cinco cajas de cerveza que te da el gobierno y se divorcia al mes siguiente pero allá en el hotel donde yo trabajaba, los extranjeros me contaban la tara con que vive el mundo con relación al matrimonio. Mira, el canadiense de Mila lleva tiempo diciendo que quiere casarse con ella pero dice que ella solo quiere la Visa para irse de Cuba.

– Yo también quiero la Visa. No para irme de Cuba, sino para irme con David a donde sea que vaya él.

Y antes que María empezara a llorar otra vez, la tía le pidió que la acompañara a la panadería.

*** 211***

 

– La cola del pan me transporta a Buenaventura –comentó María estando allí.

– Mi cabeza vive en Buenaventura. No pasa un día sin que yo quiera regresar –respondió Belinda.

Una viejita muy flaca, de la que solo se veía un pañuelo rojo amarrado en la cabeza, collares de colores y una sonrisa inmensa, se acercó a ellas con ayuda de un bastón. “Ay yo también soy de Buenaventura”. La noticia creó abrazos e intentos de ver si conocían gente en común. María no le quitaba la vista a los collares y le comentó a la señora que el de cuentas azules y blanco transparente era el más bonito.

– Yemayá (52), la Diosa del mar –dijo la viejita –Te llama la atención porque en tu camino hay un viaje. Ponle flores blancas para que te ayude, porque hay algo en ese viaje que no funciona, mi hija.

– Viste tía, te lo dije. Ese es el viaje a Italia. Mire abuelita, mejor no ocupo a Yemayá. Lo mejor es que yo no vaya a Italia –dijo María.

– Es obvio, mi niña –dijo Belinda –Claro que si Luciano te pide matrimonio y le dices que no, algo no va a funcionar. Espero que no seas tan tonta.

– Haz lo que dije, hijita, porque a mí Yemayá me dice que tú viajas –insistió la viejita.

Belinda, que no había dejado de mirar el collar negro y rojo de la señora, le preguntó qué le decía Eleggua de su marido, Sandro, que estaba preso y le querían dar 15 años de prisión.

– Sí, mi hija, –respondió fruñendo todas sus arrugas la viejita –me dice que ni estando preso el doble de ese tiempo, paga por todo el daño que él hizo.

– ¿Pero qué daño? –preguntó Belinda con cara de horror.

(52) Deidad del panteón Yoruba. Divinidad del mar. Se sincretiza como Virgen de Regla.

*** 212 ***

 

Espinas nacieron en los nervios de María cuando la señora llevó su mano a los collares y miró al cielo buscando qué más decirle a Belinda. María impidió que prosiguiera recordándole a la tía que se le hacía tarde para irse a la escuela. Por los horrores que traían las visiones, la viejita entendió por qué María no quería que ella hablara por eso se despidió con un “Dios las bendiga” de ella y con la ayuda del bastón dio vuelta para irse. María y Belinda no hablaron hasta llegar al apartamento. Para almorzar, la tía frió dos croquetas y las metió en los dos panes que le habían dado en la panadería.

María llegó a la escuela sin ánimos de nada pero una gran alegría casi paraliza en su estómago la croqueta que almorzó, cuando en medio del ensayo escuchó a la directora avisarle a la instructora que venía a buscar a las dos chicas que irían al viaje a México. “Quizás ese era el viaje del que hablaba la viejita”, pensó María. En una nube de esperanzas, calculó que su nombre sería uno de los dos nombres que la directora llamaría, pues que ella supiera, ninguna otra bailarina de ese elenco se había ganado una Carta de Reconocimiento por levantar la mano cuando Tropicana, en medio de un huracán, le pidió ayuda a la escuela.

Casi convencida de que a veces la vida te quita cosas para darte otras mejores, se sentó muy cerca de la instructora a esperar que la llamaran. La directora fue al fondo del salón a hablar con dos chicas que jamás habían seleccionado para bailar en ningún lugar, pues no sabían ni bailar. Y al pasar la directora con las chicas por delante de ella escuchó que hablaban de un papeleo que había que comenzar. María se unió a la fila y las siguió a la oficina de la directora.

– Que yo sepa, yo no te llamé –dijo la directora al ver a María sentarse en la oficina primero que las dos bailarinas.

– Y que yo sepa, usted no llamó el nombre de la única bailarina que, según usted, se ganó Carta de Reconocimiento por ayudar al país a recaudar divisas en tiempos de huracán.

– ¿De qué carta tú hablas? –preguntó la directora.

– ¡Ay! Si en esta escuela hubiera papel ahora mismo le podría enseñar la carta de la que yo hablo pero, además de no haber papel, parece que en esta escuela tampoco hay vergüenza, porque estas dos chiquitas que ni siquiera vienen a clase, ahora van a viajar.

***213***

 

– Bueno, María aquí hay que darle oportunidades a todo el mundo –respondió la directora.

– ¿Y a estas dos se les dio esa oportunidad basado en qué? ¿En que las dos tienen padres fuera de Cuba que le están pagando a usted para que las saque? ¿Así es como usted le recauda divisas al país?

Si los ojos de las bailarinas fuesen uñas, las ropas de María se hubieran vuelto harapos. La directora fue hacia ella y enfurecida no vaciló pedirle a María que saliera de su oficina.

Continuará la próxima semana …



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"He buscado el sosiego en todas partes, 
y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos"

Thomas De Kempis, Teólogo alemán


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Una Colección Poética… 

…intensa pero liviana, que abarca desde los lances eróticos de la autora, hasta las tristes pérdidas de un amor. Entre ellos se filtran versos que retratan las nostálgicas distancias que vive el expatriado, y otros romances que moldean el imaginario de nuestros tiempos. Poemas cargados de de las ficciones que conforman las realidades de la autora. O, “los dolores que esconde mi sonrisa”, como bien los describe ella.



A Poetic Collection …

… intense but light, ranging from the erotic sets of the author, to the sad losses of a love. Among them are filtered verses that portray the nostalgic distances that the expatriate lives, and other romances that shape the imaginary of our times. Poems loaded with fictions that make up the realities of the author. Or, “the pains that my smile hides”, as she describes them well.


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