Part 26: Spanish Novel; Havana Rough – Habana Dura; por Jocy Medina – Roman; Havane Dure – رُمان اسپانیایی؛ هاوانا سَرسَخت



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PROJECT 705-3 – PART 26

Artistic. Erotic. Historic 
Artistique. Érotique. Historique
Artístico. Erótico. Histórico
هُنری . اروتیک  . تاریخی

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More than just a novel, HABANA DURA is a journey to Cuba!

Plus qu’un roman, HABANA DURA est un voyage à Cuba!

Más que una novela, HABANA DURA es un viaje a Cuba!

فراتر از یک رُمّان، هاوانا سَرسَخت  سفری به کوبا است


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PARTE 26

parte 25

Durante el show, María revisó en el escenario a ver si había algún Yuma con cara de persona decente con quien salir de manos pero todos en el Cabaret, tenían ya una chica al lado. Todos menos, Rogelio, que cada vez que María terminaba de bailar aplaudía y la llamaba por el nombre.

En tanto David, calculaba que había manejado unas dos horas alejándose de La Habana y que María saldría del hotel en otras dos horas. Su corazón queriendo estar afuera del hotel para salir de mano con ella y su carro llevándolo cada vez más lejos de poder hacerlo. Puso todo en la balanza cuando supuso que llegando a su paseo Sherlock se encontraría con alguna de las tantas bellezas de Trinidad y él terminaría las vacaciones solo. Pero de María ir presa esa noche, él no podría rescatarla.

Fue entonces que David le pidió perdón a Sherlock y le avisó que debía regresar al Inglaterra. Le consiguió un hotel cercano y un carro que lo llevara a Trinidad al otro día. Él se fue y calculó que llegaría justo a tiempo para salir del hotel de manos con ella. Llegó justo cuando el show se terminó y un portero
confirmó que ya las bailarinas se cambiaban de atuendos en el camerino. Fue a la terraza por donde ella tendría que salir y mientras más bajaba su cerveza, menos comprendía cómo era posible, con tantas chicas en la terraza ofreciendo sexo a los turistas en las narices de tantos policías, que a María se la hubieran llevado presa el día anterior.

Un dependiente entró al camerino donde las chicas se cambiaban con una bandeja llena de vasos vacíos en una mano. A pesar de las protestas de las chicas, el dependiente no salió de allí hasta que encontró a María y pudo darle un encargo.

– ¿Y esta fortuna qué es? –preguntó ella al notar los 7 dólares que el dependiente le había dado.

– Esto es la mitad de lo que Rogelio pagó por tres tragos para ti. Supongo que en vez de tragos quieres el dinero, ¿no?

*** 188***

 

– La expresión en el rostro de María delataba una falta de comprensión total.

– Mira, aquí cuando un hombre paga tragos, hay contrato. No dejes de pasar por la mesa de Rogelio que si protesta todos “salimos por el techo” (54) –precisó el dependiente antes de regresar al bar.

María se quedó un rato palpando el dinero y de solo pensar que debía ir a donde Rogelio el estómago se le enfriaba. Kendra que lo había escuchado todo, fue a donde María a aconsejarla.

– Sale a “putiar” con el tal Rogelio antes que te lo tumben. Pídele ir a dar una vuelta y cuando salgas de zona turística te mandas a correr que cualquiera con esos 7 dólares te lleva hasta tu casa.

Sin imaginar que David estaba en la terraza, María ya vestida fue rumbo a Rogelio que esperaba por ella en una de las mesas del ya apagado Cabaret.
– ¿Para qué me enviaste tragos? –le preguntó María a Rogelio.

– Te quería borrachita para cuando subieras conmigo a la habitación, quiero que pases la noche entera conmigo –respondió Rogelio acariciando uno de los muslos de María.

– ¿Así de fácil? –preguntó ella dando un paso atrás.

– Yo pago tu peso en dólares, bonita. ¿Cuánto pesas?

– Cien libras de hueso.

Rogelio agitó su mano para indicar “Lo que peses, yo lo pago”.

– Quizás mañana, –respondió María –pero hoy te tengo un trato.

– Me encantan los tratos –respondió Rogelio encendiendo su puro cubano.

– Necesito salir de este hotel del brazo de un extranjero, llegar a una avenida menos turística que esta y coger un taxi para irme a casa. Si me acompañas, mañana después del show yo te complazco.

(54) Expresión que indica “ser despedidos”, “meterse en problemas”.

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– Venga hombre, si yo pagué hoy, ¿por qué he de comer mañana?

Al ver que María negó con su cabeza como quien quiere decir “sino, no hay trato”, Rogelio extendió su peludo brazo para que ella pusiera el suyo y salir de allí.

En la terraza, la impaciencia había puesto a David de pie a mirar a cada persona que salía por la puerta del hotel, buscando a María y cuando la vio salir de brazos con aquel español, sintió que pedazos de dolor se encajaron en las irises de sus ojos. Dio dos pasos hacia adelante para confirmar lo que sus ojos no querían creer pero en cuando el humo del puro de Rogelio subió al techo y los ojos de María hicieron contacto con el azul-destrozado de los suyos, él soltó un billete sobre la mesa, saltó la reja que bordeaba la terraza y se mandó a correr. Al María llegar a la reja, David llegaba a su carro y al ella correr al parqueo vio que el carro de David salía de allí con los mismos genios de él.

Las rodillas de María cayeron al cemento con su frente queriendo tocar el cemento también. Iba a echarse a llorar pero un Lada verde pitaba incesante para que ella se quitara del área donde él quería parquear. Aunque María se puso de pie, no fue lejos pues notó la inmensidad de policías que rondaban el lugar y las dos chicas que habían esposado en el mismo banco del Parque Central en que la noche anterior la habían esposado a ella.

Con el alma hecha masa y el miedo haciéndola batido, María sintió deseos de gritar a toda voz el nombre del inglés. Se detuvo al escuchar que el chofer del Lada solemnizaba las nalgas de ella con piropos rebosados de groserías.

– Sácame de aquí y no vuelvas a abrir la boca puerca esa. Te pago 7 dólares hasta Buena Vista –le dijo ella alzando una mano con gesto de querer dar un trompón por la cabeza.

Cuando el chofer, más pasmado que una vela, calculó que con la oferta de María sacaría el dinero equivalente a 7 viajes clandestinos, las gomas de su Lada sacaron a María de allí raspando el pavimento.

*** 190 ***

 

En casa de su tía, recordar el fiasco con David le estremecía a María el espinazo. Y ya la madrugaba tocaba la mañana cuando María decidió levantarse pues no podía dormir. Tomándose un batido de mamey, ella no lograba decidir si ir a su escuela a buscar la carta que la amparara para trabajar en el Hotel Inglaterra, o a casa de David a arreglar el malentendido. Iba a salir a ver a cual rumbo la empujaba el viento cuando con el sol llevó a ella una visita inesperada. Cindy y sus jean rojos habían ido a visitarla. Al verla, María por poco la tumba del abrazo.

Cindy traía una gran bolsa, que puso justo al lado de ella antes de sentarse en el sofá. María le ofreció un vaso del batido de mamey y Cindy le entregó una carta.

– Es de Luciano –le dijo Cindy –Lleva noches llamando a Julia para que te encontrara en La Habana y te la diera. Por suerte me dejaste tu dirección y pude traértela.

Desde el primer párrafo de la carta, María sintió que Luciano había cambiado su posición de “creer” que la amaba, a “saber” que quería tenerla allá en Italia.

– Es raro que tara viven los extranjeros a la hora de hablar de amor. Estoy saliendo con David, ¿te acuerdas del diplomático inglés? Él nunca me dice que me ama pero desde el primer día hablaba de “amor verdadero”. Y Luciano, no sabe si me ama pero sabe que quiere tenerme allá en Italia. Y el único cubano que tuvo los cojones de hablarme de amor, acaba de tener un hijo con su mujer. Yo no entiendo nada.

– Parece que unos tienen corazón y otros, cerebro –respondió Cindy –así que olvídate de la nacionalidad y busca un hombre que tenga de los dos.

María tiró la carta de Luciano a la mesita de la sala y fue a donde Cindy preguntando: “¿Qué ha sido de tu vida?”

– Mi vida –respondió Cindy –De aquí salgo a la estación de trenes. Salgo para Caimanera esta noche.

– ¡No me digas! ¿Ya reuniste el dinero que querías? ¡Eso si es noticia!

 *** 191 ***

 

– ¿Noticia? La noticia es que me agarraron en el Parque Central y me trancaron. Querían que yo dijera dónde me estaba quedando. Si les decía, explotaba Julia y me decomisaban todo el dinero que yo tenía guardado allí. Salí hace dos días con una Carta de Advertencia.

– ¡Ay no, Cindy! ¿Y entonces?

– Mejor no hablar de eso. La peor noticia de todas es que al salir llamé a mi hijito en Caimanera, pues su cumpleaños pasó cuando yo estaba detrás de las rejas. La madre de mi ex-marido respondió el teléfono y al oír mi voz rompió a llorar. Resulta que mi ex-marido se tiró al mar con mi Julito en una balsa hecha en casa, un pedazo de madera sobre ocho gomas de tractor.

– ¡Ay, Cindy, no, qué horror! – dijo María con ambas manos tapándose la cara.

– El oleaje viró la patana esa. Se ahogaron todos pero alguien amarró a mi bebé a una goma de tractor y fue el único que sobrevivió. Con la ayuda de mi Virgencita de la Caridad del Cobre lo encontraron quemadito y deshidratado, pero vivo. Lleva una semana en el hospital, bajo cuidados intensivos. Hoy salgo para Caimanera a verlo… –dijo Cindy dejando que una ola de llanto le empapara las ideas.

– ¡Ay, pobre angelito! ¡Ay, no llores Cindy, que me vas a hacer llorar!

María le acariciaba el pelo a Cindy para que recuperara algo de brío.

– ¿Cómo puedo verte otra vez? –le pregunto María.

– Lo dudo tanto, María. Yo veo que los cubanos cuando se van pa´ afuera se olvidan de todos lo que dejaron aquí.

– Pues arregla tu bolita de cristal, mi amiga, que tiene el adivinador roto. En primera, quién te dijo que yo me voy y en segunda aunque acabe en Australia yo nunca te voy a olvidar. ¿Dónde te busco, mi amiga?

– Ahora que mi hijo no tiene padre, quiero que crezca cerca de su abuela paterna. Quizás construya algo encima de la casa de mi ex-suegra, en Caimanera.

*** 192 *** 

 

La visita de Cindy dejó a María tirada en el sofá con sus ojos perdidos en las rápidas nubes que la puerta del balcón dejaba ver. Convencida que no importa cuán hondo sea el hueco nuestro, los hay con huecos el doble de hondo alrededor. La mañana casi tocaba al mediodía cuando Belinda también llegó a la sala. María, que no tenía deseos de contar y revivir el tren de angustias que había vivido en las pasadas 24 horas, tiró la carta de Luciano en dirección a su tía.

– ¡Pero qué buena noticia, María! ¿Quién es este? ¿Yo estoy leyendo bien? Este italiano te quiere llevar con él a Italia. Escucha esta parte: “Estoy seguro que lo que necesito para estar vivo eres tú, tu alegría, tu sexo y tu belleza” ¡Este hombre está muerto contigo!

– Yo no quiero ir a Italia, tía.

– ¿Qué es eso, María? Mira, no es bueno quemar los puentes que la vida nos construye para que crucemos a una vida mejor. Después no andes quejándote de sentirte estancada y de no poder volar. Todo eso es poesía, esta carta es la pura realidad.

– Yo quiero a David. Eso no es poesía.

– ¿Bueno y David, además de paseítos en su carro, qué te propone él?

– Hasta ahora, nada. De hecho, en estos momentos no quiere ni verme.

Ese comentario obligó a María a contar las tragedias del Hotel Inglaterra. Belinda, a pesar de horrorizada por los fiascos que su sobrina acababa de vivir, le aconsejó a María que antes de irse a reconquistar al inglés buscara una carta que acuñara que ella trabajaba legalmente en ese hotel. María abrazó a su tía y como un zombi se vistió para ejecutar el plan.

Saliendo su sobrina por la puerta, Belinda le escribió una carta al tal Luciano informándole que María se moría por ir con él a Italia y que ella misma se encargaría de los trámites del viaje de su sobrina. Le pidió que la llamara para coordinarlo todo al teléfono de la vecina del 4.

*** 193 ***

 

La veleta de María la llevó directo a Siboney y el final de la tarde la sorprendió aún rastreando las calles de ese barrio en busca de la mansión de David. El sol ya se perdía en el horizonte y ella perdía las esperanzas de encontrar la casa, cuando el guardia de una de las mansiones que la había visto pasar tres veces le preguntó a quién buscaba. Aunque él no conocía a David, por la descripción del carro que manejaba, supo guiar a María a casa del inglés.

María llegó a la mansión sintiendo que piedras cubrían los adentros de sus tenis. Un guardia jovencito que ella nunca había visto allí cuidando, salió de la garita a decirle que David no estaba.

– ¿Cómo que no está? Estoy mirando su carro –dijo María con el ardor del día reflejado en su mirada.

– Bueno, él no me dijo que esperaba a nadie y no lo puedo molestar.

– Necesito hablar con él, por favor, dígale que es María.

– ¿Tú sabes cuántas prostitutas pasan por aquí diciendo eso? Dale, vete de aquí antes que llame a seguridad.

El oxígeno dejó entonces de irrigarle el cerebro a María y cuando humo comenzó a salirle por la nariz, ella se lanzó con todas sus ganas a la camisa del hombre y del jalón le arrancó lo botones. Le gritó de anacoreta en adelante y le dio golpes hasta que los brazos del guardia lograron controlarle el cuerpo, excepto una mano, que por mucho que el guardia trató, nunca logró desenganchar de la mecha de pelo en su cabeza que ella había agarrado.

Con un fuerte empujón, el guardia revolcó a María en la calle y ella se levantó apretando el mechón de pelo que arrancó de la cabeza del guardia en su puño cerrado. El joven llamó a seguridad enseguida.

María le gritó que prostituta era su madre y salió corriendo hacia la Quinta Avenida. Una rodilla le sangraba pero el único dolor que ella sentía era el de no haberle roto la boca al guardia. Justo cuando un carro en la avenida paraba para darle botella, ella vio que un patrullero doblaba por la esquina rumbo a casa de David. La botella la regresó a la puerta del hotel donde su tren de tragedias se pondría otra vez en marcha.

*** 194 ***

 

Continuará la próxima semana …



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y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos"

Thomas De Kempis, Teólogo alemán


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…intensa pero liviana, que abarca desde los lances eróticos de la autora, hasta las tristes pérdidas de un amor. Entre ellos se filtran versos que retratan las nostálgicas distancias que vive el expatriado, y otros romances que moldean el imaginario de nuestros tiempos. Poemas cargados de de las ficciones que conforman las realidades de la autora. O, “los dolores que esconde mi sonrisa”, como bien los describe ella.



A Poetic Collection …

… intense but light, ranging from the erotic sets of the author, to the sad losses of a love. Among them are filtered verses that portray the nostalgic distances that the expatriate lives, and other romances that shape the imaginary of our times. Poems loaded with fictions that make up the realities of the author. Or, “the pains that my smile hides”, as she describes them well.


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